Kurt Vonnegut - Harrison Bergeron (1961)

A George y Hazel parece que no les importa demasiado la dentención de Harrison Bergeron, el hijo de ambos, pero sus sentimientos no son ligeros porque le tengan poco cariño sino por los aparatos implantados en sus cuerpos y en sus mentes por la Disminuidora General. Estamos en el año 2088 y todos los habitantes poseen algún tipo de aparato implantado: bien un disminuidor de inteligencia, bien un aparato que emite un potente ruido en el oído para hacer que la persona no piense en cosas importantes, bien máscaras feas para las personas que son excesivamente guapas... todas ellas instaladas con el único propósito de tener a la gente insensible a cualquier ejercicio de autoridad.

El mundo que nos muestra el autor es inquietantemente terrorífico. En vez de pontenciar habilidades, el gobierno provoca déficit mental aunque el objetivo general de este acto no queda definido del todo en el relato. Tiene un cierto tono de humor que le sienta bien y solo es en el momento final, con la liquidación de Harrison, cuando la certeza del mundo en el que viven nos atiza en la cara con toda su potencia.

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